Las Crónicas de Barna I

Entrega I

O de porqué nuestra heroína siempre está a punto de irse de la ciudad Condal.

Clementina estaba lista para irse de Barcelona. Mejor dicho, Barcelona estaba lista para deshacerse de Clementina. Al menos eso era lo que ella creía. Se ha convertido en una costumbre de esta ciudad cerrarle todas las puertas, como para probar su paciencia, su talle, como un herrero llevando al límite a una espada recién forjada para comprobar su resistencia.

No era la primera vez que pasaba por esta situación, hace varios meses se encontraba con maletas hechas, pasaje comprado y piso desalojado, cuando recibió una llamada con una oferta que no podía rechazar. No porque fuese particularmente buena, o prometiera una emancipación económica absoluta de su familia, sino que era la excusa perfecta para no volver al país al que juró no regresar tres años antes —o por lo menos intentar no hacerlo—. Esa llamada trajo un trabajo nuevo, piso nuevo, amigos nuevos, un pretendiente transexual, tráfico de influencias en discotecas y tiempo, sobre todo tiempo. Y de ese tiempo hablaremos en una oportunidad más apropiada para esos menesteres, vamos a concentrarnos en el presente.

Tan fácil como llegó la nueva oportunidad decidió irse, obligando a Clementina a parar en el limbo que tanto le desespera, en la incertidumbre que odia con todas sus fuerzas, porque sin ese trabajo piensa que no le queda más remedio que volver a su país con el rabo entre las piernas. Pero no quiere, no quiere fracasar sin pena ni gloria, no quiere ver a sus amigos y decirles «Me voy» —otra vez—, no quiere retroceder al desfile de caras conocidas de la ciudad que antes fue su casa. Quiere quedarse. Quiere quedarse y disfrutar de caminatas sola a horas inapropiadas, quiere descubrir restaurantes que antes estaban escondidos, quiere sexo casual y sin compromiso, quiere ir a conciertos y tomar el té en una terraza asoleada mientras ve a la gente pasar protegida por sus gafas oscuras y el anonimato de una gran ciudad. Pero para todo eso necesita el dinero que desde hace un par de meses se escapa de sus manos por no tener un trabajo para reponerlo. Por eso Clementina está a punto de irse de nuevo de Barcelona. No tiene las maletas hechas todavía pero se ha dado cuenta de que es una forma prácticamente infalible para que le pasen cosas buenas, decidir mandar todo a la mierda para que alguien le tienda una mano.

Hoy Clementina amaneció resignada y harta de la espera —su paciencia si logró abordar ese vuelo con su nombre hace 6 meses—. Sacó las maletas del armario donde están siempre a la mano, por no dejar para última hora la, cada vez más presente, posibilidad de huída. Ya estaba a mitad del calculo mental que implica decidir que se podía y debía llevar, ya había regalado mentalmente un abrigo absurdamente grande que era impráctico para el trópico, ya había decidido hacer una lista de cosas para vender/regalar/botar, ya estaba pensando en cómo decirle a sus amigos aquél «Me voy» que no quería decir y sonó el móvil como cualquier otro día.

Debía estar mañana a las 9:00 AM en el extremo opuesto de la ciudad, bien vestida y con mejor disposición que nunca. Era una entrevista de trabajo.

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3 comentarios en “Las Crónicas de Barna I

  1. ''No tiene las maletas hechas todavía pero se ha dado cuenta de que es una forma prácticamente infalible para que le pasen cosas buenas, decidir mandar todo a la mierda para que alguien le tienda una mano'' (amé ese párrafito…a muerte .Este texto está estupendo, carajo que manera de engancharme con el cuento de Clementina… Beso guapo!

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