30 libros en 30 días: Día 2, Uno que se haya demorado mucho en leer

2. Uno que se haya demorado mucho en leer.

“The Wind-Up Bird Chronicle”de Haruki Murakami.

En esta novela Murakami toma la vida gris de un hombre gris y la voltea de cabeza a partir de un hecho aparentemente tonto, la desaparición de un gato. Por dedicarse a la búsqueda del felino, el protagonista Toru Okada es enfrentado a una serie de situaciones psicodélicas —por falta de un mejor término—, en todos los aspectos de su vida. El autor se pasea por temas tan dispares como la crítica a la cultura de “trabajar en vez de vivir” japonesa, la desconexión social-sentimental de los jóvenes, historias de guerra y tortura, espiritismo sexual, experiencias psicotrópicas y los altos y bajos de una relación de pareja, la mediocridad y el miedo a ser mediocre. Y esa abundancia de temas se traduce inevitablemente en una trama compleja, de leer con pausa y mesura para no perder pistas y detalles, con giros de página inesperados pero adictivos, y una historia que en cada capítulo reta nuestra cordura y la de los que nos rodea. Pero no deja de ser una excelente historia, con un lenguaje parco pero certero, con interminables referencias musicales, con hermosas imágenes surrealistas. Un retrato fiel —aunque muy japonés— del mundo en que vivimos, en fin, un libro que hay que leer.

Entonces se preguntarán: ¿por qué me demoré tanto en leerlo? Al menos como para escogerlo en éste ítem de la lista. La respuesta más fácil: porque estaba deprimido. La respuesta más difícil: que el pobre libro no tuvo la culpa de toparse conmigo en una etapa de cambios drásticos y noches en vela. Trabajos finales del máster, desalojo premeditado de mi casa por deserción de mi compañero de piso, vacaciones involuntarias a Barcelona y un colchón inflable, vivir de okupa en la sala de un piso de unos amigos de Valencia por dos meses, para luego volver a Barna con un tímido proyecto de vida en una ciudad que le estaba dando la bienvenida a un invierno que me jodió la existencia desde el primer día y por cuatro meses más. Y el libro en esas cambiantes mesas de noche —y a veces suelos de noche— fue “The Wind-Up Bird Chronicle”. Con su tono a veces pesimista y patético, con su gran tamaño y letra pequeña, con sus 607 páginas en inglés y mi mente alejada de mis ojos años luz por todo lo que me pasaba, con un verano infernal y luego un invierno maldito, y con una lista que puedo seguir alimentando de cosas que no ayudaron mucho a que me tomase casi cinco meses pasearme por esas 607 páginas.

Para leer en momentos de estabilidad emocional y laboral, o al menos habitacional.

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