Hoy salvé una vida.

Hoy salvé una vida.A un niño pequeño le pareció apropiado jugar en el rayado del paso peatonal mientras su madre discutía por el celular. Seguro era con el marido, o el novio, quizás no era ni la mamá del niño, no importa realmente.

¿Qué hubiese sido del pequeño sin mi intervención? Probablemente hubiese vivido para contarlo, dicen que los niños son de plástico, pero hasta el plástico se rompe a veces.

Me pregunto ¿A quién le sonrió la Providencia?¿A mí?¿A él?¿A la madre descuidada, quizás niñera? Eso tampoco importa, el niño nunca lo recordará, lo contará como una anécdota cuando crezca, eso si no sigue jugando en los pasos peatonales.

Pensé que sería distinta la sensación, el arrojo heroico, desinteresado, la adrenalina, la decisión de una milésima de segundo, el asfalto húmedo, el sonido estridente de los cauchos tratando de adherirse al pavimento sin conseguirlo, el olor de plástico quemado. Eso fue lo más vívido, el olor.

Salvar una vida huele a freno quemado.

Simplemente seguí con mi camino, me paré y seguí caminando, el niño estaba completo, los gritos, insultos y llantos de las partes afectadas no importaban, no me interesan, no lo hice por un premio, o por el eterno agradecimiento de alguien, creo que realmente no quería manchar mi día con la sangre de un inocente, que amargura, que banal y vacía esta razón, pero es mi razón, el fin justifica los medios y el fin placentero de mi día justificaba este medio heroico.

Tranquilidad, silencio, felicidad, días así ya no se tienen, no como antes, no como en casa, no en esta ciudad abrasiva y egoísta, no como con ustedes. Que fácil era hablar, fumar y beber por horas, entre risas o acaloradas discusiones, sin temor a la resaca, a los deberes del día siguiente, o al cáncer de pulmón, eso le pasa a otra gente. Por lo visto Esteban era de esos otros a los que le pasan las cosas, tan joven, tan lleno de vida, creo que ninguno de nosotros esperaba ese triste desenlace, nadie nunca lo espera, pero el pez muere por la boca, literalmente. Les reitero mi dolor por no haber podido estar con ustedes en ese y otros momentos no tan desoladores, es injustificable, la soledad fue castigo suficiente, y la desolación la viví en carne propia. En cambio ustedes siempre estuvieron ahí para mi, incluso después de mis desaires, mis recaídas, mis reproches, mis desapariciones, incluso después de mi, en pocas palabras.

Sé que fui difícil, sé que soy difícil, hay que quererme más que a un hijo manco. Estoy mordaz, lo sé, es la amargura hablando, por lo visto mi día no se ha visto librado de ella, incluso después de haber salvado una vida, sigue ahí, recordándome con cada paso, con cada exhalación, con cada parpadeo que no se va, la casa está tomada, estoy perdiendo territorio dentro de mi propia alma, por estas alturas quizás ya está expropiada, me dicen que está en boga el término, no me importa realmente, ya no.

Escribo estas líneas desde la mesa de tantas cenas y tertulias, la mesa los extraña, yo no, yo los añoro, extrañarlos sería saberlos inevitablemente lejos, añorarlos es tenerlos aquí conmigo, con amargura, pero aquí. Vivaldi, von Karajan y la Berliner Philharmoniker me hacen compañía. El invierno deja sonar sus notas melancólicas, menores, hermosas, finales. Recuerdo ahora el soneto que acompaña a este movimiento, “Descansar satisfecho al lado del corazón, mientras aquellos que están afuera son empapados por la lluvia que cae”, traduzco de memoria, espero no ofenderlos. Este torpe verso, compuesto quizás por un Vivaldi apurado o un ayudante emocionado, no encierra una particular belleza, pero su imagen es poderosa, y es mi imagen, la hice mía porque con mi descanso los que quedan estarán bajo la lluvia, bajo el invierno inclemente e inevitable del ocaso.

Y en mi ocaso me queda el consuelo egoísta de haber salvado una vida y haber tocado, de buena y mala manera, las de ustedes…

José Antonio…

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Policía de la República

Caso 093287203

Informe de Escena:
Se adjunta la reproducción fiel y mecanografiada de la nota (Evidencia 1.A) encontrada junto al cuerpo del occiso, el sobre (Evidencia 1.B) que contenía la antes mencionada nota no revela manipulación de terceros, los nombres inscritos en el anverso del mismo están siendo chequeados para posterior interrogación (Procedimiento en proceso).

La evidencia circunstancial no señala forcejeo o violencia evidente en el cadáver. Un frasco de barbitúricos (Evidencia 2) abierto y vacío en la mesa de noche de la habitación del occiso señalan muerte por ingestión, esperando los resultados de la autopsia (Procedimiento en proceso).

El estado de descomposición de cuerpo apunta al 31 de octubre del presente año como fecha estimada del deceso, la exactitud de dicha fecha está sujeta a cambios, en espera del informe forense.

Caso abierto y en investigación.

A los 3 días de noviembre del año 2008Teniente Edwin Mijares P.
Delegación 000889
Caracas, Venezuela

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2 comentarios en “Hoy salvé una vida.

  1. Bro no c si lo escribiste tu, como al final dice Jose Antonio.. Pero me gusto mucho de verdad esto de “Hoy salvé una vida”. Te imaginarás q apenas leí el título, pare a leerlo en seguida y me gusto bastante, abrazos brother tq cuidate

  2. Hola Saúl Oswaldo .. Soy amiga de tu mamá y de tu papá y en consecuencia estàs entre mis afectos también..Entré a tu blog con mucha curiosidad y con interés leí Hoy Salvé una Vida .. mientras leía, se escuchaba al fondo en la TV, las voces de los Presidentes de las Naciones Suramericanas UNASUR en un encuentro tirante el día de hoy..dejando morir esperanzas y salvando sólo votos ..Continué leyendo y me reí con aquello de que se quiere mas que a un hijo manco y recordé cuando mi abuela barinesa me explicó que manco era la falta de brazo, también se le dice tuco y la falta de una pierna hace mocho al desafortunado …seguì leyendo y me conseguí a la Berliner Philharmoniker, continué tropezando con una sólida prosa hilada con imàgenes queridas lluvia, melacolìa, muerte, versos,apropiaciones, alma.. Josè Antonio me salvó el día hoy.. Por favor apaguen la televisión..Que Dios te bendiga Saúl OswaldoCarolina Tapia

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